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Crecer con confianza: consejos prácticos para acompañar a los niños en su día a día

Un niño que derrama su vaso de agua al intentar servirse solo, otro que se niega a vestirse por la mañana: estas escenas de…

Une mère et son enfant assemblent un puzzle en bois sur un tapis dans un salon familial chaleureux

Un niño que derrama su vaso de agua al intentar servirse solo, otro que se niega a vestirse por la mañana: estas escenas cotidianas no son caprichos. Reflejan el deseo de hacer las cosas por sí mismo y la necesidad de entender cómo funciona el mundo. Acompañar a los niños en el día a día implica aprender a interpretar estos momentos para responder de forma adecuada.

Pantallas y niños pequeños: qué cambia en el día a día con las nuevas recomendaciones

Desde enero de 2025, la cartilla de salud francesa recomienda la ausencia total de pantallas antes de los 3 años. Entre los 3 y los 6 años, su uso debe ser ocasional, con fines educativos y siempre acompañado por un adulto. La cartilla también indica que hay que apagar las pantallas antes de acostarse y no utilizarlas para calmar o dormir a un niño.

Una orden publicada el 2 de julio de 2025 va más allá: prohíbe la exposición a pantallas de los menores de 3 años en los centros de atención infantil. Si la guardería aplica esta norma, conviene seguir la misma pauta en casa. A un niño le resulta más fácil interiorizar los límites cuando las reglas son las mismas en los distintos entornos en los que se desenvuelve.

En la práctica, sustituir los dibujos animados por una actividad manual no requiere materiales caros. Una caja con arroz para trasvasar, vasos apilables o un libro de cartón bastan para entretener a un niño pequeño. El beneficio se nota en las interacciones: cuando se apaga la pantalla, el niño busca más la atención del adulto, hace preguntas y explora con las manos. En los consejos de Bella Maman para los niños encontrarás este tipo de propuestas adaptadas a cada edad.

Un padre lee un libro ilustrado a su hija en un parque frondoso, en un momento de complicidad y descubrimiento

Actividad física infantil: moverse al menos una hora al día

El Ministerio de Salud recomienda al menos 60 minutos de actividad física diaria para niños y adolescentes. También aconseja limitar el tiempo que pasan sentados o sin moverse. La recomendación parece sencilla, pero se enfrenta a un obstáculo concreto: los días suelen estar marcados por el colegio, los deberes y los desplazamientos en coche.

¿Has notado que un niño que ha corrido al aire libre después del colegio está más tranquilo por la noche? No es casualidad. El movimiento ayuda a regular las tensiones acumuladas durante el día. No se trata de practicar un deporte organizado a diario, sino de incorporar el movimiento a la rutina.

Ideas sencillas para moverse sin organizar actividades deportivas

  • Ir andando o en bicicleta al colegio cuando la distancia lo permita, aunque sea solo una parte del trayecto (bajarse una parada antes o aparcar el coche a cinco minutos de la entrada).
  • Proponer un rato de juego libre al aire libre antes de hacer los deberes: correr, trepar, saltar a la comba. Veinte minutos bastan para recuperar la concentración.
  • Incluir al niño en las tareas domésticas que requieren movimiento: barrer, llevar una cesta de ropa o regar el jardín. Se mueve, colabora y se siente útil.

El objetivo no es el rendimiento. Se trata de hacer que el movimiento sea tan natural como la comida o la hora de acostarse.

Autonomía en el día a día: observar antes de intervenir

La pedagogía Montessori se basa en un principio que los padres pueden aplicar sin materiales especializados: el niño tiene capacidad para aprender de forma autónoma, siempre que el adulto no se lo impida. A veces, eso significa aceptar que tarde tres minutos en ponerse los zapatos cuando uno podría hacerlo en diez segundos.

Observar sin intervenir de inmediato es la actitud más difícil de mantener. El impulso de corregir, apresurar o proteger es fuerte. Nace de una buena intención, pero priva al niño de la satisfacción de resolver un problema por sí mismo.

Adaptar el entorno en lugar de multiplicar las instrucciones

Un niño de 3 años no puede guardar sus cosas si su estantería está demasiado alta. Tampoco puede vestirse solo si la ropa está amontonada en un cajón al que no llega. Antes de repetir una instrucción, comprueba que el entorno realmente permite que el niño haga lo que le pides.

Algunos cambios concretos pueden marcar una gran diferencia:

  • Dejar la ropa del día siguiente en un gancho a la altura del niño la noche anterior.
  • Colocar los cubiertos y los platos en un armario bajo para que el niño pueda ayudar a poner la mesa.
  • Poner un taburete estable en el baño para que pueda lavarse las manos y cepillarse los dientes.
  • Preparar un espacio específico para guardar los juguetes, con cajas o cestas etiquetadas (con imágenes para quienes aún no saben leer).

Cada logro refuerza la confianza. El niño no se queda con la lección que le damos, sino con la experiencia de haberlo conseguido por sí mismo.

Una madre enseña a cocinar a su hijo en la cocina familiar, compartiendo tiempo y fomentando su autonomía

Acompañar las emociones sin reprimirlas

Una rabieta en el supermercado, lágrimas al salir del parque: estas reacciones reflejan la dificultad para gestionar un torrente emocional que el cerebro del niño aún no está preparado para procesar por sí solo. Decir «deja de llorar» o «no es para tanto» equivale a negar lo que siente, sin darle herramientas para atravesar esa emoción.

El primer paso es poner nombre a lo que observamos. «Estás enfadado porque tenemos que irnos» no es una pregunta, sino un reflejo. El niño se siente comprendido y, a menudo, eso basta para rebajar la intensidad de la crisis.

Tres pautas para reaccionar ante una emoción intensa

Primero, acoger (ponerse a su altura y apoyar una mano en su hombro). Después, nombrar (describir la emoción sin juzgar). Por último, proponer una alternativa concreta («Nos vamos dentro de dos minutos, ¿quieres dar una última vuelta en el tobogán?»). El orden importa: primero acoger, después razonar.

Este enfoque no elimina las rabietas. Enseña poco a poco al niño que sus emociones son legítimas y que hay maneras de gestionarlas sin que la situación se descontrole.

Acompañar a un niño en el día a día no requiere métodos revolucionarios ni un presupuesto especial. Un entorno adaptado a su estatura, movimiento diario, pantallas fuera de su alcance antes de los 3 años y una actitud de escucha ante las emociones intensas constituyen una base sólida. El resto se construye con la repetición, los ajustes y la paciencia que exige cada jornada.

Crecer con confianza: consejos prácticos para acompañar a los niños en su día a día